Entre las hojas de un libro, olvidadas, encontré esta poesía y un comentario. Pertenecen a un viejo amigo a quien tú, lector, conoces mejor que quien escribe. No creo profanar el sueño del silencio. Me remito al final del comentario.
Cuántas veces, con creces, he pagado mi pecado.
Cuántas veces, sin sentido, el camino he recorrido.
Cuántas veces, a mi lado, sólo y callado, va el Amigo.
Cuántas veces he sentido el zarpazo enemigo.
Cuántas veces, pero no siempre. la cabeza clara he mantenido.
Cuántas veces, cuántas veces.....
Y mi amigo añade:
"No se me ocurre nada. El sueño me vence. Y la modorra. La mente en blanco. Sólo obviedades, palabras sin sentido, vulgaridades.
He de escribir. Como los malos versos anteriores. Es mi primera poesía. Ha surgido sin más. Terminará en el olvido. Como tantas notas almacenadas a lo largo de tantos años.
Irán directamente a la papelera. Nadie se tomará el trabajo de leerlas. Pensarán que he perdido el tiempo. Y así es.
¿Merece la pena escribir? De todos modos, pienso que sí. Hace bueno el consejo del Maestro: "Nulla dies sine linea"
Algo quedará. Cruzará la frontera del silencio" (02-XI.2006).
Mi amigo no sabía que años después, rescatadas del silencio, ....
Ecos de nostalgia quiebran el corazón.
Caminos que se bifurcan, convergentes en la distancia.
Distancia que la amistad y el buen hacer trituran.
Santarén, Óbidos, Batalla....
remansos de paz en la Capeliña.
Y tantos buenos recuerdos,
tantos consejos, tantas palabras de ánimo....
Horizontes nuevos labrados al oído, sugiriendo....
No puedo menos que darle gracias al amigo que se va.
Perdona este pequeño apunte.
Mejor lo dice el Poema.
Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va,
Y va dejando una huella que no se puede borrar.
No te vayas todavía, no te vayas por favor
no te vayas todavía que hasta la guitarra mía
llora cuando dice adiós.
Un pañuelo de silencio a la hora de partir,
Porque hay palabras que hieren y no se deben decir.
El barco se hace pequeño cuando se aleja en el mar,
Y cuando se va perdiendo que grande es la soledad.
Un buen amigo mío. canta a La Mujer Muerta. A sus pies hemos vivido unos días. Y escuchamos quedas voces que herían el corazón con querencias de altura, de entrega, de fidelidad.
El Universo es una gigantesca huella. De hecho, aunque está claro que Dios no entra por los ojos, tenemos de él la misma evidencia racional que nos permite ver detrás de una vasija al alfarero, detrás de un edificio al constructor, detrás de un cuadro al pintor, detrás de una novela al escritor. El mundo -con sus luces, colores y volúmenes- no es problemático porque haya ciegos que no pueden verlo. El problema no es el mundo, sino la ceguera. Con Dios sucede algo parecido, y no es lógico dudar de su existencia porque algunos no vean. (José Ramón Ayllón: 10 ateos cambian de autobús).
"Mis elegidos no trabajan en vano". Lo dice el Señor. Y nos lo creemos. Y desde Australia nos comunican: La Jornada Mundial de la Juventud de Sydney ya ha empezado a dar frutos de conversiones, regreso de fieles a la Iglesia y más vocaciones. El Cardenal Pell, arzobispo de Sydney ha dicho: "Hace pocos días, un párroco me llamó para decirme que 25 personas, jóvenes y adultos, decidieron hacerse católicos. En febrero entraron siete jóvenes en el seminario de Sydney y ocho en el de Melbourne". Dios no pierde batallas. Sembremos a manos llenas. El fruto surge donde Dios quiere y cuando quiere.
Un amigo me pregunta tomando ocasión de un comentario mío sobre las Cartas de Mariana Alcoforado: “¿Teniendo en cuenta las circunstancias –clausura impuesta y no deseada- vivir ese amor en corazón cuerpo y espíritu, implicaría la pérdida del Amor?”
Difícil cuestión a la que trataré de responder. No sé si lo voy a lograr. Son unas reflexiones que admiten matices, aportaciones de otros caminantes, sugerencias. Incluso desacuerdos.
Me parece que la respuesta es NO. Mariana descubre, en la mirada del caballero, el Amor. Un Amor esponsal, totalizante, omnicomprehensivo. Abarca y captura todo su ser: corazón, cuerpo y espíritu. Es un amor oblativo.
Mariana descubre en la mirada del Caballero la razón de su vida. Y le entrega, de inmediato, todo cuanto es: “Pero eu dábame inteiramente a vos e non estaba en condicións de pensar no que puidera envelena-la miña alegría” (Carta II). Está dispuesta –y lo hace-a perderlo todo por ese Amor: ”Estou resentida comigo mesma cando penso en todo o que vos sacrifiquei: perdín a miña reputación, expúxenme o furor dos meus, a severidade das leis do meu país contra as religiosas e á vosa ingratitude que é para min a máis grande das desgracias” (Carta III).
Partimos de que está en el Convento a la fuerza, no por vocación: “A miña familia, os meus amigos, este convento, todo me é insoportable. Todo o que estou obrigada a ver e todo o que teño que facer por absoluta necesidade éme odioso: Sinto celos da miña paixón ata o punto de parecerme que tódalas miñas accións e tódolos meus deberes vos atinxen” (Carta IV). Impresionante, el Amor hace que “tódolos meus deberes vos atinxen”. El Amor es totalizante y oblativo, repito.
Porque el Amor ha brotado en su corazón y a pesar de todo lo que le supone “…non me arrepinto de tervos adorado; estou feliz de que me seducírades (…) Quero que todo o mundo o saiba, non fago disto un misterio, estou encantada por ter feito todo o que fixen por vos contra todo decoro. A miña relixión y a miña honra x asó consisten en amarvos enlouquecidamente toda amiña via, pois a amarvos comecei” (Carta II).
El amor está llamado a transformarse en Amor.
El amor implica pérdida del Amor cuando no es leal, cuando traiciona la llamada interior a una entrega total. Cuando no es camino para el Amor, sino descamino. Cuan-do comienza a reclamar, como propias, parcelas antes entregadas en plenitud. Sería contrario al Amor si Mariana hubiese recibido la Vocación religiosa: “(…) paréceme que debo estar tranquila por non ter sido infiel; por nada do mundo quixera cometer acción tan depravada” ( Carta IV).
El amor es, tantas veces, un puro juego. Así no puede ser Amor. Mariana lo expresa, me parece, muy bien: “E ¿por qué me escollestes a min para facerme tan infeliz? Sin dúbida encontraríades neste país unha muller máis fermosa, coa que teriáde-los mesmos praceres, xa que só praceres groseiros procurabades; unha muller que vos amaría fielmente mentras vos vise, á que o tempo consolaría da vosa ausencia e á que poderíades deixar sen perfidia e sen crueldade”. (Carta IV).
No así el Amor que abarca toda la persona. No es un juego. Implica la entrega de toda la persona, no solo la entrega lúdica del cuerpo. Desgarradoras las palabras que siguen: “¿Cómo coñecendo o fondo do meu corazón e do meu cariño puidestes decidirvos a deixarme para semnpre e a expoñerme ós terrores que debo sufrir ó pensar que só vos lembrades de min para me sacrificar a una nova paixón? (Nótese que no dice Amor si no Pasión)” (Carta IV). El Amor es tan fiel que puede decir: “Hai momentos nos que me parece que tería a suficiente submisión para servir a aquela que amades” (Carta IV). Y todo porque el Amor no soporta la ausencia. Perdona y es capaz de servir a quien le traiciona.
El amor implica pérdida del Amor cuando se niega a acoger la Vida. Cuando se encierra egoístamente en sí mismo. El Amor es siempre fecundo, generador de vida abundante: “He venido para que tengan vida y sobreabunden” (Io 10, 10). Cristo, muriendo por Amor, nos engendra a la Vida: “Nadie tiene Amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (IO 15, 13).
Larga está resultando esta contestación. Y, acaso, ni siquiera sea contestación. Y no responda a lo que me preguntaban.
Creo que la respuesta está en entender bien qué es AMOR ESPONSAL, al cual TODOS estamos llamados por vocación divina.
Amo esponsalmente cuando entrego todo mi ser, cuando lo juego a una sola carta sin posibilidad de retorno, cuando quemo las naves y quedo a merced del amado. Y esta entrega se da tanto en la vida religiosa como en la vida matrimonial. Es la vocación ontológica del ser humano: llamado desde toda la eternidad a Amar.
Termino con unos textos que pueden ayudar –me parece- a entender lo que quiero decir.
“Quien permanece a la escucha termina por darse cuenta de que en el espíritu no recibimos llamadas parciales sino totalizantes. La llamada en su más alto nivel se traduce en exigencias de consagración” (Isabel Guerra: El Libro de la Paz Interior, Barcelona 2005, p. 10).
“Tengo un reto apasionante: abrir ventanas al sosiego, al encuentro con lo esencial del propio yo, ahogado en prisas y bullicios. Mostrar senderos por los que la paz pueda venir hasta nosotros. Invitación a prestar atención a la llamada de quien está a nuestra puerta esperando para compartir con nosotros el pan del Amor entregado que enseña la alegría del desposeimiento solidario” (Id, p. 12).
“La oración –hablar con el Amado- es el agradecimiento a ese Amor que Él nos da. Si escuchamos hoy la voz de la Belleza en nuestro entorno cotidiano, abramos el corazón a su eterna primavera. De ella brota la esperanza de los hombres” (Id., p. 13).
Si cierras la TV serás más feliz. Te doy mi palabra. Abundan las personas buenas, generosas, entregadas, felices. Pero no son noticia. Carecen de morbo. Amigo mío. el bien no hace ruido ni el ruido hace bien. Escucha el rumor de las pesonas buenas que pasan a tu lado. Descubre la felicidad que siembran. Ábreles, de par en par, tu corazón. Serás muy feliz.